“Allá lejos y hace tiempo…”

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Por Rodolfo José Bernat -. El autor presenta tres artículos en los que relata la impactante historia del enviado obrero por el General Perón a Rusia, quien osó desafiar al dictador ruso José Stalin

 

Este es el título de un libro autobiográfico que Guillermo Hudson, escribió en 1918. Evoca aspectos de su niñez y juventud, pasadas en una zona rural de su país donde naciera, Argentina, Pcia. de Buenos Aires, Partido de Quilmes, hoy Florencio Varela, a pesar que en esta nota solo utilizaremos tan solo “el título de aquel libro”.
En realidad, lo que relatare es la impactante historia del enviado obrero enviado por el presidente Juan D. Perón en su primer mandato a Rusia, Pedro Conde Magdaleno, quien en 1948 oso desafiar al dictador ruso Josef Stalin. En aquel entonces, Stalin estaba en el apogeo de su poder. La dictadura soviética, no permitía ni la mas leve crítica al régimen que gobernaba Rusia y Pedro Conde Magdaleno veía con horror y preocupación, como se explotaba a los refugiados españoles que habían escapado de España, cuando el General Francisco Franco, gobernador de Canarias, se puso al frente de las tropas que en 1939, entraron a Madrid, derrocando al régimen republicano instaurado en Abril de 1931 y se declaro, Jefe Supremo del Estado Español.
Fue en aquella época, que el agregado obrero de la embajada Argentina, comenzó a relacionarse con los exiliados españoles, muchos de los cuales fueron contratados por la Embajada en Rusia, como interpretes. El contacto con los españoles, le permitió a Pedro Conde Magdaleno, conocer las condiciones en que los españoles habían recibido el asilo político en Rusia, siendo mas que exiliados rehenes del régimen soviético.
Tal situación, lo llevó a Pedro Conde Magdaleno, a idear un plan para ayudar a escapar de Rusia a dos españoles, sabiendo que si eran descubiertos podrían arriesgarse a ser fusilados o recluidos por vida en Siberia.
El plan del agregado obrero de la Embajada argentina, era sacar a dos de los disidentes españoles ocultos en su equipaje, y escribió un libro que se adelanto 20 años al “Archipiélago Gulag” de Solzhenitsin.
En la madrugada del 2 de enero de 1948, con 20 grados bajo cero en Moscú, cuando dos diplomáticos argentinos partieron desde un hotel céntrico hacia el aeropuerto, con varias valijas y dos grandes baúles. Solo uno de ellos podrá embarcar en el viejo Douglas hacia Praga con uno de los baúles. Al segundo pasajero no le permiten pagar el exceso de equipaje con dólares y deberá quedar en tierra hasta el día siguiente.
El avión parte con dos horas de atraso que pone muy nervioso al diplomático argentino.
Iban en una de esas viejas aeronaves, que transportan juntas a pasajeros y equipajes. Cuando el avión sobrevolaba la frontera checa y eran las doce del mediodía, según el relato del propio diplomático, sus pensamientos fueron interrumpidos “por un rítmico “tap, tap, tap” de tenues golpes que provenían del baúl. La azafata lo noto y fue a prevenir al piloto. Comprendí que ya había sido descubierto. Rápidamente saque las llaves del baúl y lo abrí”, bajo la mirada atónita de los tres militares y los dos civiles que viajaban junto a Pedro Conde Magdaleno, Agregado Obrero de la Embajada Argentina en la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas (URSS), del baúl salió, semi ahogado, un polizonte: se trataba de José Tuñón Albertos, un exiliado español a quien el diplomático argentino estaba ayudando a huir del “paraíso socialista”.
Veremos más adelante, cual fue el desenlace de esta historia y la suerte corrida por cada protagonista, pero antes hay que retroceder un año, al momento en que Pedro Conde Magdaleno, secretario general, de la Unión de Personal de Pastelerías, Panaderías y Afines (UPPA), supo que el entonces presidente Juan Domingo Perón, lo enviaría como Agregado Obrero en la delegación que debía reabrir la embajada argentina en Moscú -nuestro país y la URSS acababan de restablecer sus relaciones- creyó tocar el cielo -socialista- con las manos.
Pedro Conde Magdaleno era un verdadero descamisado, un cabecita negra, un prototipo de la promoción social que significo el peronismo para miles de trabajadores urbanos y rurales argentinos. “Salió de Madariaga a los 16 años en “patas”, vino a la Capital de la República, donde trabajo como panadero y se educo en la vida, y desde lo que era pudo hacer muchísimas cosas por sus ideales.” Conto su nieta, Alicia Mabel Conde, que esta recopilando datos, sobre la historia de su abuelo y espera poder hacer reeditar su libro, hoy agotado: “¿Porqué huyen en baúles los asilados españoles en la URSS?”. El libro, es una implacable requisitoria contra el régimen estalinista y su traición a las banderas proletarias, publicado en 1951, mas de 20 años antes que el “Archipiélago Gulag” de Alexander Solzhenitsin.
Cuando Perón llegó al poder, Conde militaba en el Partido Socialista y, como muchos otros activistas de las distintas vertientes marxista, se sintió atraído por la potencia realizadora del nuevo gobierno. “Fui peronista por agradecimiento, ahora lo soy por convicción” diría mas tarde.
El 6 de febrero de 1947, el gobierno establece un nuevo régimen para el Servicio Exterior, creando la figura de los Agregados Obreros en las Embajadas para que llevasen “al extranjero la representación de la clase trabajadora argentina” y regresaran “con los conocimientos y la experiencia necesarios para el engrandecimiento de la Argentina del futuro”
A Conde Magdaleno, por su buena performance en el curso que la Cancillería dicto a los futuros diplomáticos, le toco un país estratégico: la Unión Soviética. No podía tener mejor suerte. Al fin conocería la cuna del socialismo, estudiara sus leyes laborales y las condiciones de trabajo en las fábricas y el campo.
Pero pronto -demasiado pronto- descubriría que el país del llamado “socialismo real” era el mas “anti proletario” de la Tierra, y menos de un año mas tarde, emprendería la osada aventura de ayudar a escapar de “ese gran presidio” a dos exiliados españoles con los que trabo amistad y de cuyo triste destino, ya no pudo desentenderse. (CONTINUARA)

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