Encontraron más de 8 kilos de cocaína entre los tomates que ingresaron a la Cárcel 24 de Varela

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Estaban en ocho panes, camuflados entre la verdura que una empresa de cátering porteña llevó a la Unidad 24 de Florencio Varela. Hicieron una requisa general en todo el predio. Investigan los contactos internos.

Una requisa de rutina en la verdura que debía ingresar a la carcel de Florencio Varela, terminó con el secuestro más grande de droga en la historia del Servicio Penitenciario Bonaerense: más de ocho kilos de cocaína que estaban escondidos entre tomates perita, informaron fuentes oficiales.
Esto ocurrió en la Unidad 24 de Florencio Varela, cuando al predio de avenida Buenos Aires, arribó el camión de la empresa de cátering que provee frutas y verduras a la cárcel.
Se especuló con la posibilidad de que el personal penitenciario hubiera detectado algún movimiento raro o una irregularidad en una gaveta de la carga, pero desde el SPB aclararon a este diario que fue una requisa “de rutina, como se hace con todo lo que ingresa al penal desde el exterior”, para frustrar el ingreso de drogas o armas.
Eso fue justamente lo que pasó en horas del mediodía, una vez que los guardias revisaron los 35 cajones con tomates que debían ingresar en el depósito que se usa para preparar la comida.
Observaron que entre los tomates perita alguien había escondido ocho paquetes o panes recubiertos con cinta de embalar marrón que, a simple vista, parecían contener lo que efectivamente tenían: droga.
Apenas vieron los panes, los penitenciarios avisaron a las autoridades del penal y éstas a las del Servicio, que hicieron ante la justicia la denuncia que dio arranque una investigación conjunta con la Policía, a través de la Jefatura Departamental de Quilmes.
Bajo la instrucción del ayudante fiscal Cristian Granados (UFI 9 de Varela) se dispuso requisar el predio y el resto de las unidades que funcionan allí, con la ayuda de perros especializados en búsqueda de droga. Entre ellos se destacó Draco, el labrador negro que recientemete fue homenajeado por su trabajo en fuerza El conteo final de la sustancia de los panes arrojó que había un total de 8,255 kilos de cocaína distribuidos en ocho bultos, a razón de poco más de un kilo por cada uno, informaron fuentes oficiales.
La requisa general terminó sin novedades en el resto del predio.

contacto interno
Frustrado el ingreso de la droga, ahora el objetivo es identificar al contacto interno dentro de la cárcel, por lo que se abrió un sumario que correrá en paralelo con la investigación penal.
“Es la cantidad y la modalidad lo que ayuda a sospechar de una complicidad interna”, deslizaron fuentes oficiales, confirmando que se hará una suerte de trazabilidad de la mercadería, a fin de determinar dónde cargaron los panes y quienes estuvieron a cargo de esa tarea.
La empresa que llevó los tomates es una firma de catering de Capital Federal, se supo de allegados a la causa.
También quieren saber si l fue el primer envío o una práctica de rutina, así como el modo de distribución de la droga dentro de los pabellones.
La valuación del cargamento es muy importante. Cada kilo de cocaína cotiza en el país entre 5.000 y 7.000 dólares (en Perú o Bolivia sale entre 2.000 y 2.500 y en Japón trepa hasta los 90 mil o 100 mil dólares), que, estirada con sustancia de corte, puede multiplicarse hasta 5 veces.
Las requisas sorpresivas en las cárceles bonaerenses son cada vez más frecuentes. En abril de este año ya habían sido 142 y permitieron secuestrar más de 6.300 teléfonos celulares y casi 4.000 facas en cuatro meses.
Ese mes hubo un procedimiento en el mismo complejo penitenciario donde apareció la droga ayer: en la U 42 encontraron 39 celulares, 19 cuchillos caseros, dinero, 18 cargadores de teléfonos y cuatro envoltorios  con marihuana, que detectó “Draco”.
El hallazgo es un hecho inédito para las cárceles provinciales que agita dos manos negras concretas: primero, el consumo de estupefacientes en las cárceles mismas, el segundo, la posibilidad de hacer negocios turbios alrededor de la comida de los detenidos, una suerte de clásico en la corrupción penitenciaria. Pensar que es para consumo interno de los detenidos es la primera opción. “No tiene sentido que la coca haya aparecido así”, se escuda una figura alrededor del caso, “es mucho, no está fraccionado, no está subdividido, se corre el riesgo de que la encuentren toda de golpe. Yo creo que la mandaron por error.”
¿Hay penitenciarios sucios? ¿Hay internos investigados? Fuentes en el SPB que depende del Ministerio de Justicia a cargo de Gustavo Ferrari aseveran que su división de Asuntos Internos no tiene por ahora a ningún efectivo de fajina gris en sumario, tampoco a ningún preso. Otros dentro del sistema de cárceles más grande del país no dejan de sospechar hacia adentro. Una voz de peso desliza: “Meter tanta merca adentro de una unidad para mandarla de vuelta hacia afuera es una pelotudez sin límites. Quizás era para distribuir adentro por un tiempo. Y puede haber penitenciarios involucrados. Si no, no se animarían a tanto.”

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