Epidemias: fragmentos de la Historia Clínica de Florencio Varela

0
Compartir

La periodista e historiadora varelense, Graciela Linari (foto), propone un repaso por los antecedentes que la región posee, ante las emergencias sanitarias padecidas, debido a los más preocupantes brotes epidémicos acontecidos en los siglos XIX y XX.
Linari, fundadora y realizadora del mensuario dedicado a la educación, la cultura y la historia, «Palabras con Historia», una vez más, pone de manifiesto, a través de su trabajo, sus conocimientos históricos, y su apego a la investigación, el archivo y la lectura.
A través de textos breves, plagados de datos, expresiones de los protagonistas del momento, y dando cuenta de cada una de las fuentes de información utilizadas (medios de comunicación, archivos institucionales, libros y testimonios), Linari acerca elementos para poder conocer, analizar el impacto, y afrontar cada crisis, haciendo hincapié en lo sucedido en la región, pero, sobre todo, en Florencio Varela.
«Memoria latente para ayudar a construir vida desde el pasado y plantarnos hoy ante el desafío de superar la crisis. Enfermos curados y plagas de ayer, ya pasadas, nos ayudan a avanzar en el presente y caminar hacia el futuro», expresa en la introducción al recorrido histórico.
A continuación, el reciente trabajo de Linari, el cual pone a disposición de la comunidad, a través de sus medios de comunicación.
La viruela, una vecina indeseada
«Frente a la propagación de la viruela, que en los partidos vecinos se está desarrollando con carácter epidémico» -dice una ordenanza suscripta por los flamantes concejales del nuevo Partido de Florencio Varela el 6 de junio de 1892- «se declara la vacunación obligatoria de todos los habitantes del Distrito».
La norma, que lleva la firma de Simón Moranchel, Diego Mc Morine y Aniceto Díaz, estipula también que «en los casos en que se produzca un caso de viruela y resulte no estar vacunado, se aplicará una multa que variará de $20 a $100 moneda nacional, según la gravedad que revista».
Simultáneamente los ediles suscriben una nota que envían al Concejo de Higiene de la Provincia en la que -señalando la necesidad de proceder «a hacer la vacunación en este Partido»- solicitan «que cada 15 días sean remitidas al mismo 25 placas de vacuna animal».
Responsable de la vacunación, el doctor Nicolás Boccuzzi, médico municipal y de Policía, abre su casa para efectuar allí la inoculación, «los lunes, miércoles y viernes, desde las 12 a las 2 pm., durante tres meses».
Su vivienda es antigua y, a su frente, un persistente pantano dificulta el tránsito.
Las calles de Florencio Varela son de tierra y en época de lluvias, intransitables, a tal punto que una de las primeras ordenanzas aprobadas por el Legislativo establece la obligación, para los vecinos de la zona urbana, de construir pasos de piedra que permitan atravesarlas de acera a acera, eludiendo el barro.
El constructor Leonardo Bonacalza eleva una propuesta al Concejo Deliberante para que se ocupe de subsanar el lodazal existente frente a la casa del médico, sobre el Camino Real (hoy Avenida San Martín), en su intersección con la calle que hoy lleva el nombre eminente profesional, pero la respuesta es negativa debido al elevado costo del trabajo presupuestado.
Boccuzzi, por razones políticas, poco después se radica por un tiempo en Mendoza y allí recibe una esquela del doctor Pedro Bourel, quien destaca en la carta «sus servicios profesionales, tan eficaces como desinteresados» y lamenta que, con su ausencia, el pueblo se ve privado «de contar en todo momento con los auxilios no limitados al tratamiento, sino extendidos en los hogares pobres, al aprovisionamiento gratuito de los elementos de asistencia y, en suma, al cuidado afable y cariñoso de todos».
De regreso en el pueblo, Boccuzzi retorna a su vivienda, una casa que le facilitan sus amigos pues él no posee propiedad alguna y, ante la necesidad de efectuar reparaciones en el edificio, solicita al Concejo Deliberante la designación de un perito para evaluar los trabajos a realizar. Señala que el edificio está «en mal estado de inginerie» y propenso a «redumbarse». El Legislativo nombra a los albañiles Ambrosio Bernaschina y Camilo Devincenzi para que examinen la vivienda pero finalmente la obra no se lleva a cabo. Los daños son muchos y los fondos municipales, pocos.
Lejos en el tiempo, la viruela tan temida fue desapareciendo. El descubrimiento de Edward Jenner, el médico inglés que en 1796 logró la primera vacuna de total eficacia y confiabilidad en la historia de la medicina, cumplió acabadamente su propósito: desde 1980 la viruela se considera oficial y universalmente erradicada.
(1) .- Actas H.C.D – 7/5/1899
Graciela Linari

Comentarios

comments

Compartir