¡HABEMUS PAPA…!

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Por Rodolfo José Bernat

Según el sitio Wikipedia: «Es el anuncio en latín con que el cardenal protodiácono informa que un nuevo papa ha sido elegido». Según la relación actual del
Papa Francisco y el gobierno nacional, surge una pregunta ¿Tenemos? Y esta pregunta surge no por simple capricho de un importante sector de la población, sino por los hechos.
El día 21 de junio pasado, el periodista Ricardo Roa, publicaba en el diario «Clarín» de nuestro país, una nota que lleva por título; «FRANCISCO, EL PAPA AUTO EXILIADO» y como sub-título: «Viajo a 25 países y estuvo cerca de la Argentina, pero no vendrá ¿Sabe Dios por qué?
Es evidente que Roa es un excelente analista y en consideración a ello y a su trayectoria, es que no se puede dejar de compartir esta nota que con seguridad no pasará inadvertida ni aquí, ni en el exterior. Dice la nota: «Desde que inicio su papado hace poco mas de cuatro años, Francisco viajó mucho.
Visito 25 países. Entre los grandes, el más grande: Estados Unidos. También Francia. Y medianos y chicos, una legión para todos los gustos. De centro, de derecha, de izquierda y populistas. Entre ellos, México, Cuba, Turquía, Armenia, Uganda, Corea, Israel, Jordania, Egipto, Sri Lanka, Albania y Bosnia.
Ya estuvo cerca: en Brasil, Bolivia, Paraguay y Ecuador. Y acaba de anunciar que pronto volverá a la región: irá a Colombia, Chile y Perú.
Adivinen que le falta: le falta nada menos que su país, la Argentina. Nadie sabe cuando piensa venir. Es raro, ¿no?
Francisco hace en Roma, cosas que hacía acá, como seguir de cerca la vida política y la vida interna de peronismo.
Lee y pregunta todo el tiempo sobre lo que nos ocurre. Y busca siempre el contacto, el lazo directo.
Practica el acercamiento, saluda por cumpleaños, mantiene correspondencia con compañeros de la secundaria, llama a víctimas de abusos y da empuje por mensajes de texto a los que luchan contra la trata.
Habla con palabras y con gestos. Y con gestos que lo definen como político. Puede mandarle un rosario a Milagro Sala y oficiar de «Perón»: enviar a cada uno cartas con lo que sabe, quieren y esperan que el les diga.
Cualquier parecido con el General no es pura coincidencia: Ahí vuelve a ser el padre Jorge, el peronista compañero de ruta de la agrupación Guardia de Hierro. También sigue siendo aquel padre Jorge, cuando habla mucho y atiende mucho a dirigentes del kirchnerismo que lo habían despreciado hasta después de ser ungido Papa y cuando habla poco y se mantiene incómodo y con cara de pocos amigos, ante Macri.
Cuatro años sin volver a su país pueden parecer pocos o pueden parecer muchos, según como se miren. Aquí son muchísimos años esperando a nuestro Papa.
Finalmente se trata de una decisión de Bergoglio. Debe haber una explicación para tanta demora. Cuesta encontrarla. En todo caso, sólo él la conoce.
Una posible, del lado de Francisco, es que quiere evitar cualquier favoritismo: no vino con «Cristina presidente» y tampoco vendrá con Macri Presidente.
Aunque podría venir y ver a los dos: sería un modo de equilibrar los tantos: Pero si eso no pasa y Macri llega a ser reelecto, ¿entonces no vendrá nunca?
Otra explicación del mismo lado del Papa es que si viene en medio de «la grieta», corre el riesgo de ser usado por alguno de los dos bandos en pugna.
También podría pensarse al revés: que con su enorme popularidad y prestigio Francisco podría contribuirá atenuar el conflicto. Y de paso ayudar al Episcopado, en sus esfuerzos por moderar la política argentina.
Afuera el Papa puede terciar en el enfrentamiento de Cuba con Estados Unidos y de Colombia con la guerrilla. Y puede rezar en silencio ante el Muro de los Lamentos y abrazarse allí mismo a un rabino argentino y a un dirigente musulmán, también argentino. Ser pontífice significa justamente eso que ha hecho: tender puentes. Pero hasta ahora ha renunciado a hacerlo con los argentinos.
Fuera de aquí, el Papa trabajo para cerrar grietas y para acercar confesiones, que es además cuidar su Iglesia y su tarea en el mundo. Y esa parte del mundo, también debe estar preguntándose porqué no va a su país.
«No puede ser qué no sepamos que hacer para que Francisco venga. Pero pasa. Ni decir que solo él y Dios saben porque no viene.»
Hasta aquí, la excelente reflexión de Ricardo Roa y páginas más adelante, en la misma edición de «Clarín», podemos leer: «El 9 y 10 de noviembre próximo, «por deseo del Papa Francisco, Alejandra Gils Carbó vuelve al Vaticano»
En la nota se establece que: «Alejandra Gils Carbo es, una de las invitadas destacadas del Vaticano, para la Cumbre de Fiscales y Jueces, que se realizara los primeros días de noviembre próximo.
La Pontificia Academia de Ciencias Sociales a cargo del arzobispo Marcelo Sánchez Sorondo, organiza un encuentro en su sede en la Casina Pio IV y extendió la invitación a la cuestionada Procuradora y Jefa de los Fiscales, fue invitada por el arzobispo Sánchez Sorondo, «…siguiendo el deseo del Papa Francisco.»Uno de los objetivos dela Cumbre, es reunir en Roma a las mujeres que ocupan cargos en el Poder Judicial, de los países del mundo entero.»
Sin embargo, aquí en la Argentina, la posición del Vaticano, choca con el clamor popular que el 20 de junio, «Día de la Bandera», se dio cita en una movilización auto- convocada
que reunió a varios miles de personas, y que llevó como destino, los Tribunales Federales de Comodoro Py, donde durante horas hicieron sentir su protesta «contra la lentitud de la Justicia, contra los funcionarios K imputados en diferentes causas, las coimas de ODEBRECHT a funcionarios del anterior gobierno K, encabezado por Cristina Fernández de Kirchner, la inseguridad que en los dos últimos años, ha crecido de forma alarmante, causas prácticamente paralizadas como la muerte inexplicable del ex fiscal
Alberto Nisman, 48 horas antes de presentar ante los Tribunales Federales una denuncia contra la presidente de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Toda esta multitud, coreaba consignas donde se exigía la inmediata dimisión de Alejandra Gils Carbo, Procuradora General de la Nación.
A pesar de todo esto, los argentinos seguimos esperando el milagro, porqué nuestra fe es más grande, que la decadencia que dejaron tras su paso por el Estado, aquellos que se auto titularon «los salvadores de la Nación».
El Pueblo siempre tiene y una vez más la tendrá, la última palabra.

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