Historias secretas: qué dicen las anotaciones del chofer de Baratta

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Por Diego Cabot- Diario La Nación

4/5/2009. Eran días calientes en la política nacional, poco antes de que empezara la campaña en que Néstor Kirchner fue candidato a diputado por Buenos Aires. El chofer Oscar Centeno escribió en un cuaderno Gloria de tapa naranja que ese día le tocó llevar a Ezequiel García -entonces director de Energías Renovables del Ministerio de Planificación- y a Roberto Baratta -mano derecha de Julio De Vido- a la sede de una empresa importante, cerca de Puerto Madero. Baratta subió al piso 26 y el chofer se quedó en el auto con García, esperando. “Luego el Licenciado bajó con dos bolsos llenos de dinero”, relató. De ahí partieron hacia otra dirección en el centro porteño. Se bajaron los dos funcionarios “y trajeron dos bolsos con dinero también”. Es llamativo lo que el chofer aclara entre paréntesis: “(Mientras los esperaba, observé los otros bolsos anteriores y comprobé que poseían dinero. Sería aproximadamente US$1.300.000 cada uno)”. El recorrido, según continúa el relato, terminó en la calle Uruguay 1306, en Barrio Norte. La dirección del departamento del matrimonio Kirchner, donde los esperaba Daniel Muñoz, hoy fallecido, entonces secretario privado de Néstor Kirchner. El hombre llegaba al mismo tiempo en un Honda rojo (cuya patente anotó). “En el lugar bajó Baratta con los bolsos y los entregó a Muñoz (mientras íbamos a Uruguay previo a la entrega, Baratta se sentó en el asiento trasero y sacaba dinero de los bolsos que le entregaron y los ponía en el suyo personal)”. Centeno cierra la entrada de su diario con un detalle de color: cuenta que llevó a García al country Los Ombúes, donde lo dejó “en su nueva casa muy lujosa”. Se permite dejar constancia de que ponderó (usó ese verbo) la propiedad delante del funcionario. Y que, entonces sí, terminó su jornada de trabajo.

“Pobres”: El enojo por la caída de la “recaudación”
20/5/2010 “Que pobres estuvimos esta semana, eh!!!”. Unos días antes, Daniel Muñoz lo había advertido, según dejó escrito Centeno: la recaudación de esos días era inferior a lo que se esperaba. El relato de Centeno describe que el secretario privado de Néstor Kirchner había objetado la cifra recolectada. Pero la preocupación se confirmó el 20 de mayo, cuando el expresidente, durante una reunión en Olivos, habló con sus colaboradores y les dijo que esa semana, en la que habían recolectado un total de 900.000 dólares (cifra que se deduce de la recolección registrada durante esa semana), “se habían quedado pobres”.En comparación con ese monto, en los diez días previos a este registro se habían recaudado casi dos millones de dólares en una semana. El monto recaudado durante la semana anterior a la de este registro había sido de casi 2 millones de dólares. Las explicaciones que dio Roberto Baratta para explicar la “baja” recaudación, era que muchos “habían salido de vacaciones”. Unos días después, Centeno llevó a Baratta y a Rafael Llorens, coordinador técnico del ministerio, hasta la Basílica de Luján, donde la expresidenta Cristina Kirchner participaba del Tédeum por el 25 de Mayo, en el año del Bicentenario. Después de la ceremonia, Centeno llevó a ambos a comer a “Pancho 46” (en el partido de San Martín). Apenas una semana después del reproche presidencial, se estarían preparando para otra recaudación, a fin de saldar la percepción negativa que le habían dejado al jefe máximo. Por eso, en su siguiente recorrida, los bolsos que recibieron y llevaron hacia Uruguay 1603 contenían 2.500.000 dólares.

27/05/2010. A diferencia de la semana anterior, en la que Néstor Kirchner había considerado que sus colaboradores habían estado “pobres” por el monto recaudado, solo en esta fecha se recaudaron 1.300.000 dólares, si se siguen las descripciones del chofer de Baratta. Ese día, luego de visitar más de un destino en busca del dinero de las empresas contratistas del Estado, el auto iba bien cargado. El consejo previsor del ministro De Vido fue que tuvieran “los ojos bien abiertos”. Mientras Centeno conducía a Baratta y al funcionario Ezequiel García hacia el encuentro con Hernán Gómez -otro de los involucrados en la trama que trabajaban bajo la órbita del Ministerio de Planificación, que estaba esperándolos con una bolsa “de recaudación antigua”-, a la altura de Retiro, Centeno creyó descubrir que los seguían. ¿Sería cierto? No podían ignorar la alarma, sobre todo después de la advertencia del ministro. Con ritmo de thriller, relata que se trataba de una camioneta Hilux. Baratta, preocupado, le exigió al chofer que acelerara, que perdiera a la camioneta cuanto antes, y sin perder tiempo llamó a Fabián González, que era entonces el jefe de la custodia de De Vido. Le pasaron los datos del vehículo sospechoso para que lo detuvieran en caso de que los estuviera siguiendo realmente. Cuando llegaron al edificio donde los esperaba Gómez, hicieron el traspaso de bolsos y Baratta aconsejó a Centeno ir a “dar unas vueltas”, para despistar. No querían sorpresas desagradables.
Al parecer, el incidente no pasó a mayores. Las anotaciones minuciosas del chofer Centeno sobre el recorrido por empresas y el circuito de los bolsos cargados de dólares continuaron durante cinco años más, sin que el susto hubiera interferido en el ritmo de la recaudación.

La última vez: Otro susto y una advertencia
22/10/2015. La era kirchnerista estaba a punto de terminar. Quedaban apenas tres días para las elecciones presidenciales que llevaron a Mauricio Macri al poder y Centeno se prepara para la última misión. Al menos es la entrada final de los cuadernos que obtuvo LA NACION y tiene en su poder la Justicia. Sería memorable su periplo con Nelson Lazarte, hombre de máxima confianza de Baratta. “Lo llevé a Nelson a 3 de Febrero 2750”, escribió. Llegaron al subsuelo del edificio, estacionaron en la cochera 23, Lazarte tomó el ascensor con un bolso vacío y volvió al rato con 800.000 dólares. En ese momento todo empezó a torcerse. Así lo relata en el cuaderno que cerraría la saga de sus andanzas: “Cuando salimos a la calle, en la esquina se nos quiso cruzar un auto Aveo, chapa J249. Es lo que recuerdo. Y nos seguía persistentemente. Y en Avenida del Libertador, cuando veníamos por Congreso, en el primer semáforo me adelantó en contramano hasta cruzar y seguir rápidamente. Con esta maniobra lo despisté y volvimos al Ministerio”. Pasado el susto, llegó la advertencia del jefe directo. “Le contamos al licenciado Baratta lo sucedido y nos dijo que tengamos cuidado y que tengamos más abiertos los ojos. Me mandó a salir del ministerio con el auto para ver si me seguía alguien. A partir de ese día hace que la gente venga a traer el dinero al Ministerio. Entran por cochera, porque nadie los revisa, y suben a la oficina del licenciado”.

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