La otra cara de Magalí, la adolescente que sobrevivió a la masacre de Florencio Varela

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Ofreció una nota a la periodista Gisele Sousa Dias del portal Infobae. Una confusa versión de los hechos en la que no aparece el menor que reconoció en fotografías. Ahora el que baleó a las chicas iba en un auto.

Magalí tiene 16 años y es una de las sobrevivientes de lo que se llamó la “Masacre de Varela”: dos de sus amigas recibieron tantos disparos en el cuerpo que quedaron ahí, tendidas entre el asfalto y la vereda, acribilladas. Hoy por primera vez y en diálogo con Infobae, Magalí Pineda cuenta qué pasó esa madrugada.
Según su relato, la noche del 11 de febrero de este año, quedó en salir a bailar con Sabrina Barrientos, de 16 años, y Denis Juárez, de 17. Dice que eran amigas del barrio pero como ella se había mudado, hacía poco que había vuelto a verlas. El boliche al que fueron se llama Santa Diabla y queda en Florencio Varela.
“Denis me dijo que un amigo nos iba a llevar en el auto, así que nos esperó en la plaza, a una cuadra y media de la casa de ella. Cuando nos subimos, nos pidió si lo podíamos acompañar hasta Ezeiza y le dijimos que sí. Llegamos allá, entregó una caja en una casa y volvió rápido”, cuenta. Y lo que asegura es que ellas iban tomando alcohol atrás y que no sabe qué había en la caja. Cuando volvieron, pasaron a un buscar a la cuarta adolescente que estuvo en la masacre: Némesis Núñez, también de 16 años.
Magalí dice que entraron al boliche pero que Sabrina y Denis -las dos chicas que luego fueron acribilladas- dijeron que se iba a dar una vuelta. Volvieron riéndose con tres hombres, y todas se quedaron tomando algo con ellos. “Pero Sabri se perdía a cada rato”, cuenta. A las 4.50, siempre según su relato, salieron del boliche. Sabrina y Denis fueron caminando adelante, agarradas del brazo. Atrás, iban Magalí y Némesis.
Lo que dice es que las chicas, adelante, pidieron pan en una panadería y como habían tomado bastante alcohol, una se cayó y después tiró a la otra. Se reían. Dice que después le pidieron a un joven que venía caminando cerca que las levantara. Cuando el joven estiró el brazo, lo tiraron a él. “El pibe se levantó rápido, como que no le gustó”. Después, se sentaron en el cordón de la vereda a esperar el 148 que tenía que tomar Némesis para volver a su casa. El primero que pasó no frenó, por eso volvieron a sentarse. En ese momento comenzó la balacera.
“El atacante disparó en abanico y no erró un solo tiro. Ellas no corrieron sino que se abrazaron para protegerse, por eso fue más fácil acertar cuando tiró al montón”, explicó a Infobae el abogado de la familia, Edgardo García. Fueron 20 disparos: dos impactaron en Magalí (uno en la cabeza y otro en el tórax). Tres impactaron en el cuerpo de Némesis (uno entró por el cuello, otro por encima de las costillas y la tercera bala, la que no pudieron sacar, está en el estómago). Las dos estuvieron muy graves pero sobrevivieron.
Denis, en cambio, recibió nueve balazos. Sabrina recibió seis. En un video grabado por vecinos se ven los minutos posteriores a la masacre. Las dos chicas que murieron están cubiertas de sangre, inmóviles. Una boca abajo, todavía con un trozo de pan en la mano, la otra de costado. Némesis se mueve lentamente pero se mueve: está agonizando.
“Lo único que me acuerdo -dice ahora- es que sentía que me desmayaba, me sentaba y me caía. Y sentía mucho dolor de cabeza, estaba como mareada. Pero nunca pensé que tenía una balazo en la cabeza, tampoco me imaginé que las chicas estaban muertas”.
Magalí tuvo dos paros cardíacos en la ambulancia, camino al hospital. La operaron dos veces, y todavía le falta una operación en la que le colocarán una placa de titanio para reparar el hundimiento del cráneo. “La mantuve aislada de la televisión mientras se recuperaba. Se enteró como dos semanas después de que las amigas estaban muertas, un día que me agarró el celular y no me di cuenta”, dice Susana Cisneros, mientras trata de calmar a su bebé.
Para la madre de Magalí, “están cubriendo a alguien”. Lo que cuenta es que lo primero que dijo su hija cuando se despertó en el hospital es que vio un auto rojo moderno y con vidrios polarizados. Para la Justicia, el dueño del auto rojo era un remisero que se detuvo cuando vio lo que estaba pasando. El foco entonces, se desvió hacia un joven de 16 años -que sería un presunto sicario-, que tiene antecedentes, al igual que su familia. Por eso, la causa pasó al Tribunal penal Juvenil número 1 de Florencio Varela. La madre no cree que ese sea el asesino. Cree, al contrario, que le están lavando la cabeza a su hija para hacerle ver algo que no vio.
“Nadie nos ayudó, nadie acá en Varela nos puso protección”, dice la madre. Y como no hay detenidos y Magalí no sabe a quién tenerle miedo, le tiene miedo a todo. “Hace 4 meses que no salgo de mi casa. Yo creo que los disparos fueron para ellas, no para nosotras. Pero la intención del que disparó fue no dejar testigos. No volví a ir al colegio, no puedo atender la puerta cuando tocan el timbre, nada”, dice ella. Y así se queda, encerrada en una vivienda social fría y con poca luz, con las manos en los bolsillos, esperando que el tiempo pase.

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