La Precaria Política Argentina y el ranking de los ganadores

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(Opinión)
Hasta hace muy poco tiempo, los medios de comunicación del país, incluidos los medios comunitarios eran diariamente y cada hora visitados por políticos en campaña que, ocupaban espacios radiales y de TV hablando y comunicando a la gente la verdad rebelada en cuanto a prontas soluciones que llegarían a todos los pobladores ó electores, que buscaban algo nuevo o querían seguir sosteniendo ideales, en los distritos del conurbano los resultados fueron dispares y hasta confusos, llegándose a cifras impensadas votando a candidatos que hablaron sin parar y nunca dijeron nada.
Estamos en marzo de 2018, la última elección quedó lejos, y desde entonces no se ha escuchado a nadie más hablar de la postura política que sostiene cada uno de ellos, ya no hay mensajes, ya no hay comunicación, ya no hay difusión del pensamiento o la idea que se sostiene, los elegidos tienen el lugar asegurado pero no se sabe nada de lo que pretenden a partir de ahora, si uno los busca para dialogar públicamente pensando en que la gente necesita saber, hoy no tienen tiempo, están de reunión en reunión o sencillamente los horarios son «complicados». De esta manera se puede llegar a la conclusión que las palabras ya no tienen valor porque no hay mensaje, ahora el pretexto es que ellos trabajan en silencio para que la gente vea los resultados, si bien parece un chiste de bajo nivel, eso es lo que manifiestan, los medios solo interesan cuando el interés es para sacar provecho personal de la situación, creen que la gente no espera nada, ellos ya llegaron y alli se quedan asegurados de percibir una dieta generosa durante cuatro años, lo demás es todo ficticio, hasta que llegue el próximo llamado electoral.
De esa manera se han afirmado durante años muchos políticos, que suman décadas de mandato, diputados, concejales, intendentes, hoy han perdido la capacidad de mantener un diálogo masivo, hoy se orientan en otro sentido y puertas adentro, no hay nada que decir ni que explicar y ocurre en todos los partidos políticos, los periodistas que no son notables a nivel nacional, invierten en tecnología, gastan en telefonía, se la pasan todo el día haciendo esfuerzos para que el público al cual destinan su trabajo esté debidamente informado, digo esto porque según mi escasa capacidad intelectual entiendo que el destino de mi función es colectiva, hoy el mensaje es una fotografía, si hay gente mejor y si hay mucha mucho mejor, creen que la historia se escribe con imágenes y no con palabras porque la palabra es un compromiso casi siempre a corto plazo, quizás difícil de cumplir y en el medio, un destrato y un desprecio por la tarea periodística que es de una perversidad inédita.
Si el periodista quiere mantener una buena y fluida relación para tener distendidas entrevistas para mostrar de cuerpo entero al entrevistado, no le dan importancia y se mantienen alejados, si ese mismo periodista los critica dentro de su buena fe con respeto recordándoles las promesas incumplidas, seguramente obtendrá el ninguneo, jamás lo van a llamar para aclarar una situación que moleste a la comunidad. En fin, es tan personal lo público, que se adueñan de la voluntad del elector, no hay nada más que decir.
Tratan a la prensa local como si fuesen sus empleados, aunque ni siquiera a sus empleados deberían tratar así, pero el trabajador de prensa asume que estas reglas de juego son las que se imponen ahora y las debe seguir si quiere seguir trabajando para su destinatario que es el público en general. La falta de respeto, el destrato, el ninguneo, la subestimación que padecen algunos o la mayoría de los trabajadores de prensa sin alcance nacional, es notable.
Hay que decir que nada hay para decir, porque nada se hace que llame la atención de la gente, proyectos para el bienestar de la gente aún no se ven o no se publicitan, hubo candidatos en 2017 dijeron que Florencio Varela cambiaba, pero a ese candidato no se lo ha visto más por los lugares que solía frecuentar, ni siquiera en una radio que nadie escucha en el distrito y que se sentía como dueño de la misma, hablando horas y horas en un monólogo cargado de delirios y expresiones incoherentes, pero por lo menos se sabía que existía, hoy no se sabe dónde anda, solo vemos fotos y más fotos, siempre sonriendo, como si el distrito fuese un paraíso de bondades y placeres. Esa es la precaria política que tenemos que ver y tolerar, sobre todo, porque vivimos en democracia, aunque a veces quienes deben encargarse de hacerla respetar nos hacen trampa y así viven, con espontáneas apariciones públicas cada vez que deben preservar su lugar en el ranking de los ganadores.

Héctor Reynoso

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