“La sociedad de los miedos” (Nota de Opinión, por Dardo Ottonello)

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Los miedos dominan cada vez con más fuerza y omnipresencia a nuestra sociedad, jaqueada por problemas y condicionamientos de larga data que ningún gobierno ha logrado resolver; por el contrario, diferentes administraciones y distintas políticas han provocado su consolidación y, en algunos casos, su agravamiento.
El miedo que nos infunde la persistente y creciente inseguridad, que nos hace sentir que nuestras vidas y la de nuestros seres queridos están en permanente y serio riesgo, en cualquier lugar -aún en nuestras propias casas- y a cualquier hora del día. Un miedo que limita muchas de nuestras actividades y de nuestros tiempos, que nos obliga a tomar recaudos antes impensados y que hace que muchas personas estén en constante estado de aprehensión y de zozobra.
El miedo a una inflación imparable que tritura nuestro poder de compra, impide el ahorro, destruye nuestros sueños de progreso y cercena nuestras legítimas aspiraciones de una mejor calidad de vida.

El miedo a perder el empleo o a tener que cerrar el comercio, a quedarnos sin ingresos, a no poder pagar el préstamo, el alquiler de la vivienda, el colegio de los chicos o la tarjeta de crédito.
Y en estos tiempos de pandemia el miedo a enfermarnos, a contagiarnos el Covid-19, a no tener donde atendernos si nosotros o algún familiar necesita una cama de terapia intensiva con respirador, el temor a que nos pase lo peor.
En un país con tantos recursos y, paradójicamente, con grandes déficits sociales y en servicios públicos, con una pobreza estructural (que en lo que va del siglo nunca bajó del 25/30%), cuando será el día en que los principales funcionarios y dirigentes -políticos, gremiales, empresariales, sociales, religiosos- de nuestro país entiendan que una sociedad que se acostumbra y se resigna a convivir con miedos se debilita, no desarrolla todas sus capacidades ni despliega todo su potencial.
Cuando lograremos que nuestra dirigencia deje de discutir por cuestiones e intereses individuales o sectoriales y -con verdadero sentido de nación, compromiso patriótico y visión de desarrollo integral- asuman los desafíos que nuestra sociedad debe enfrentar y superar de una vez por todas.
Ya van muchos años, varias décadas, de frustraciones colectivas, de oportunidades no aprovechadas, de desencuentros infantiles, de esquivar decisiones imprescindibles, de echarle la culpa al otro (de adentro y de afuera), de no asumir los costos y, en definitiva, de ver cómo -a diferencia de la mayoría de las naciones de nuestro continente y del mundo- nos vamos quedando relegados a la cola del presente y, lo que es más doloroso, cada vez más lejos de la puerta de entrada al futuro.

DARDO OTTONELLO

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