«La trampa de una pobreza argentina que nunca se agota»

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(Por Héctor Reynoso)
En todo orden de la vida podemos encontrarnos con trampas, y también lógicamente en lo político, en ese punto me quiero detener para expresar desde mi punto de vista lo que se puede observar después de años con problemáticas diversas. Los períodos anteriores de gobierno tuvieron innumerables aciertos llevados a cabo con una destreza sólo comparables a los gobiernos de Juan Domingo Perón desde 1946 hasta 1955, pero en esta era, mucho más moderna y más actualizada con la evolución global, la política se encargó de proveer solución a ciertos reclamos sociales ante ausencias concretas, que se transformaron en la asistencia del Estado ante la pobreza.
Con la extrema necesidad a la vista los gobiernos comenzaron a trazar una metodología que se transformaría en una trampa, mantener la pobreza para sostener la pobreza, es decir, se diseñaron planes que conformaban a medias las apetencias de aquellos que pasaban por necesidades básicas insatisfechas que al fin de cuentas, solo sirvió para que estuviesen quietos sin generar reclamos ni incidentes, ni perturbar la paz social, de esa manera los pobres, los excluidos de la masa activa trabajadora se adaptaron a sobrevivir con apenas un aporte mensual de corta utilidad. Así permanecieron durante años generando una masa de pobres que no ascendía ni descendía, permanecían como detenidos en el tiempo con un aporte considerado justo que proveía el Estado, de esa manera se subsidió la pobreza que hasta hoy continúa con el agravante de que ahora hay más pobres en sus filas. Ningún gobierno intentó desterrar la pobreza, solo la sostuvo con alfileres.
Si bien surgió la creación de cooperativas, sólo las de la construcción tuvieron una buena vida, el resto lamentablemente terminó en manos de gente que con tan pocos escrúpulos no supo transmitir o imponer una cultura de trabajo, se comenzó a utilizar a los cooperadores de una manera perversa y en muchos casos algunos dirigentes se llenaron los bolsillos mordiendo el magro sueldo de los trabajadores. Otros hablando sin saber se llenaron la boca diciendo que esta gente vivia del Estado, cuando el Estado solo dejaba caer algunas migajas de la bandeja llena de comida de la que se servían los funcionarios que sí se hicieron ricos al amparo del mismo Estado.
Hoy el pobre sigue pensando igual que ayer, se conforma con ser pobre pero sostenido en su desgracia y así seguir viviendo una ilusión que se transforma en utopía, le decían que tenia derechos lógicamente limitados hasta cierto nivel, el resto era para unos pocos y no millones como ellos, hay que conformarse con ser pobre digno y no mucho más que eso. Lamentablemente no he visto un solo pobre estructural que haya salido de esa situación en tantos años y creo que allí está la trampa que nadie quiere ver, tenemos un ejército de pobres a quienes les estimulamos las ganas de crecer nada más que dentro de la pobreza, el resto, repito es privilegio de unos pocos. La masa fabulosa de dinero que mueven los pobres mes a mes en el mercado interno, es el reemplazo perfecto de una masa trabajadora en plena producción que no existe, de alguna manera había que suplantar esa ausencia y el resultado fue extraordinario, una economía ficticia moviendo un país de manera ficticia en un crecimiento ficticio, entiendo que cuando se habla de pesada herencia se está hablando justamente de un problema sin resolver que ya cuenta con más de 15 años, un complejo problema difícil de resolver y una deuda interna muy difícil de saldar, son muchos años sin tratar seriamente una trama compleja que de no tomar decisiones a corto plazo se agravará aún más, la culpa de lo que sucede no tiene un nombre propio sino que es el producto de una serie de complicidades para esconder un caos dentro del caos, es así que hoy contamos con tres clases sociales, los pobres que son mayoría, la clase media que trata a duras penas de mantener su nivel, y una clase dominante que no perdió ni perderá sus privilegios.
Estos nuevos tiempos implican un desafío que ni la izquierda ni la derecha, aciertan un diagnóstico real sobre la aplicación de la justicia social que empuje a la dignidad, una dádiva mensual otorgada por el Estado como un derecho, es poner a dormir la pretensión de los pobres que se olvidan del futuro de sus familias, de sus hijos, de sus nietos y en esa trampa continúan los de arriba y los debajo girando sin solución de continuidad.

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