«Me encontré con la muerte del Coronavirus y en el hospital Modular del UPA me salvaron la vida”

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Daniel Galzerano es un mediano empresario de Florencio Varela que desde muy joven apostó al crecimiento del partido y lo hizo en Don Orione, barrio donde reside y tiene su emprendimiento.
Padre de 4 hijos, ya grandes, hoy Galzerano tiene la necesidad de agradecer. Y no es muy común en ésta sociedad la palabra agradecimiento, cuando la grieta nos divide en todos los sectores.
Galzerano está más allá de toda grieta. Hoy Galzerano ve la vida con otros ojos y otras palabras. Es que éste vecino, de 56 años, pasó 22 días internado con Coronavirus en el hospital Modular de Florencio Varela y del mismo dice y repite: «Me encontré con la muerte del Coronavirus y en el hospital Modular del UPA me salvaron la vida gracias a la tecnología y la dedicación del personal»
No es menos. Y no es menos por el relato de los hechos que padeció.
«No se cómo me contagié. Terminé mi día de trabajo cansado. Eran las 4 de la tarde. Me acosté y a las 8 de la noche mi hijo Daniel, el más grande, me pregunta qué me pasaba. Estaba muy pero muy cansado. Llamaron a la ambulancia y el médico recomendó que me dejaran dormir porque estaba cansado. A las 4 horas yo no podía respirar. Viene otra vez la ambulancia y yo ya no podía respirar. Estaba con mucha fiebre. Me cargaron en la ambulancia porque sospechaban del inicio del contagio del Covid. No podía subir a la ambulancia, me ayudaron entre todos»
Galzerano recuerda aquel día como el peor de su vida. Era el jueves 23 de Julio. «Me llevaron a Mi Pueblo y no me querían recibir porque no tenían lugar. Mis hijos cuentan, porque yo estaba arriba de la ambulancia, que hubo una discusión muy fuerte entre la doctora de la ambulancia y los médicos del hospital. Hicieron un lugar y me pusieron en una habitación con tres enfermos más. Pasé una noche muy mal. Con un frío enorme y nadie nos daba bolilla de nada. Tirado en una cama. Al otro día temprano vino una enfermera, con todo el equipo de prevención para atender contagiados, y cuando me vio me dijo que conocía a mi hija. Yo estaba perdido. Le pedí a le enfermera que le diga a mi hija que me saque de allí. Yo sentí que me moría. Apareció un doctor y me dijo que me iban a hisopar. Me trajeron el teléfono celular y no me acordaba cómo funcionaba. Estaba muy mal y encima vestido de calle. Al lado mi había un infectado. Se levantó para ir al baño y no venía. Al rato apareció la enfermera y comenzó a sacar las cosas que dejó en la mesita. Uno de los que estaba ahí le preguntó que pasó con compañero. La enfermera dijo: Partió, fue al baño y se murió»
Galzerano menea la cabeza en sentido negativo, se acomoda el barbijo, y exclama: «¡Yo no quería ni ir al baño. Pedía a Dios que me sacara de ahí!»
Antes de perder la noción de lo que habría de vivir escuchó de un médico el anuncio de su traslado. «El médico me dijo: Por favor, hasta que lleguemos a donde vamos a ir, no te saques esto. Me puso una mascarilla con un tubo de oxigeno de mano. No podía subir a la ambulancia. Me llevaron al UPA de Varela. Cuando me bajaron en el UPA estaban mis tres hijos ¡y yo nos lo conocía! Como si fuera poco ellos se contagiaron también». Galzerano cree que el contagio se dio antes de salir de su casa. Aclara que a sus hijos el Covid-19 no los afectó como lo afectó a él, más aun que es diabético e hipertenso. Eso hace más grande el agradecimiento a los profesionales de la salud del Modular UPA Nº 11 de Florencio Varela.

 

 


El relato continúa en el interior del Modular donde pasó su primera noche. Al otro día conoció a la doctora Karina Galarza a quien recuerda con mucho afecto: «Nunca me dejé, siempre me atendió con una dulzura especial. Gran ser humano. Ella me dijo que el hisopado de Mi Pueblo dio negativo. Me contó que en una reunión de médicos vieron el resultado de mis análisis y una placa de los pulmones, no había duda de un Covid-19 positivo. El nuevo hisopado así lo confirmó. La doctora me aclaró que solamente me daría suero y un antibiótico porque mi cuerpo tendría que generar los anticuerpos. Yo decía que si, todo si. No podía ni comer»
El relato de Galzerano pasa por distintas facetas de esta internación que demando 22 días, de los cuales 10 su cabeza no lo ubicaba en tiempo y forma. Recuerda el oxígeno a toda hora y el monitoreo de su estado en general. También el día que falleció Eber, un jubilado empleado municipal que estaba en una cama lindante a la suya. «Me levanté para ir al baño, como podía, con el oxígeno de mano y Eber estaba en el pasillo. Al pasar me dijo ya estamos grandes y al rato se murió en la cama»
Quienes han visto en algún momento su final, suelen decir que se encomiendan a Dios. Galzerno dice que lo hizo. «Yo creí que no salía vivo. Como puede le envié un audio a un pastor de una iglesia de la calle España. Sentía que estaba cerca mi muerte. El Covid había atacado mis pulmones. Y de pronto llegó la doctora para decirme que había otro lugar para mí. Era otra terapia. Algo pasó en mi cabeza que comencé a mejorar. Comencé a cantar para adentro. A decir que no podía entregarme. Comencé a tener hambre. Tenía hambre y oxígeno. Era imposible andar sin el oxígeno. Al otro dia ya tenía contactos con mis hijos por teléfono. Escuchaba sus palabras de afecto, de amor. Me sacaban placas para ver mis pulmones y de a poco iban mejorando. La doctora Galarza comenzó a bajarme el oxígeno día por día. Hasta que llegó el momento de sacármelo. Estaba aterrado. La primera noche no sabía si me dormía y moría ahogado. Pase la prueba. Para mí era ir al baño sin oxígeno era un logro total. Murieron dos muchachos al lado mío de 37 y 42 años. Los dos tenían diabetes. Yo pude salir. Pero salí por el amor de todos los profesionales de la salud del Hospital Modular. Karina y Angie, las dos doctoras que me trataron. Ella fueron todo en esto. No puedo decir otras palabras. Agradezco al presidente Fernández, al gobernador Kicillof y al intendente Watson por la decisión de haber construido este hospital. Los trabajadores de ese hospital se juegan la vida todos los dias. Ellos me salvaron la vida, ellos…» cierra Galzenaro con los ojos iluminados por la emoción .

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