«Pablo Reynoso: Hoy, a seis años»

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(* Periodista y padre de Pablo) Hoy se cumplen 6 años del entierro de mi hijo Pablo Reynoso, un buen tipo con un hijito que amaba, laburante esforzado, siempre corriendo para cumplir con lo que debia hacer, amaba la computación y era un constante investigador de cada rincón en las máquinas.
Durante años mantuve una pelea con él diciéndole que no se comprara una moto, nunca pude saber por que, pero era como un aviso, justamente por robársela apenas la había comprado recibió un balazo que le puso fin a su corta vida. Tenia todo por delante y nosotros también, desde entonces en casa ya no somos los mismos, no hablamos del tema, pero gira una sombra espesa que cuesta ignorar, ni siquiera es el mismo trato con mis hijos, nos hemos vuelto todos mas distantes, sobre todo luego de mi muerte asegurada y que evitó el personal del Hospital de El Cruce, y volvi y aca estoy, rearmado con apariencia de estar entero a la vista del otro, pero no, ya no soy el que era, quizás sea mejor que antes, no lo sé, pero esto me ha hecho perder el miedo. Mi carne ha pasado por tantas penurias que ya el dolor ni se piensa, siento pena a veces, la indiferencia de algunos de la familia por el dolor y la cicatriz que ha dejado esta tragedia, es como un sello.
A mi manera, a mi compañero más fiel, lo mantengo vivo a mi lado a diario y cuando me vaya se va a venir conmigo, de eso no tengo duda.
La muerte de mi hijo me dejó una gran enseñanza: debemos valorar y cuidar los afectos porque no sabemos hasta cuando los vamos a disfrutar y compartir, me enseñó también que cuando caí no estuve nunca solo, que tengo amigos de verdad y una familia que me dió un valor incalculable para salir adelante y superar las secuelas psicologicas y fisicas que quedaron después de los cuatro meses en coma y con respirador artificial en el Hospital El Cruce, volví de la muerte mucho mejor en todo sentido, sobre todo espiritualmente, más fortalecido y más atento a mi entorno, no guardo rencor ni quiero venganza, estoy convencido que a cada uno de los que miró hacia otro lado en medio de mi tragedia la vida se va a encargar de hacerles saber que su indolencia también duele. Por eso, cada año y en esta fecha, celebro la vida y no la muerte, para poder seguir en pié y atento a quien me solicite una mano, porque para eso vinimos a este mundo aunque algunos llegan a viejos y mueren sin saberlo.

(*) Héctor Reynoso

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