Premio San Juan Bautista: “Yo estuve, no me dejaron”

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En 2008 recibí, junto a los integrantes de Varela al Día, el Premio San Juan Bautista. Participé luego como jurado del mismo y mis críticas hacia algunas cosas, que aún no cambiaron, me llevó a retirarme. Referencia de sólo una: No enviar al tacho de basura los curriculum de quienes competían voto a voto y quedaban afuera. Ellos deberían participar al año siguiente, pues méritos no les faltaban. Nunca se tomó en cuenta. Postulé a Franco Risso y recibió su estatuilla. Hice lo mismo con el Diácono Antonio Miñio en 2015. No ganó y su curriculum fue al tacho de basura. Lo restauré y presenté en ésta ocasión. Fue nominado. Me solicitaron de Cultura poder ubicarlo pues ellos (Jorge Navarro) no podía hacerlo con su celular. Fui a La Capilla a darle la noticia. Le solicité a Julieta Pereyra poder entregarle el premio sobre el escenario. Hace años había propuesto que quienes postulaban a alguien pudieran tener el honor de hacer entrega de la estatuilla junto al funcionario que represente a la comuna. Cabe señalar que Julio Pereyra no participó de todos los eventos, que él mismo creó.
Asi estaba todo preparado para el gran Premio del domingo. Pasadas las 18.30 me presenté en el UNAJ. El auditorio estaba que explotaba de gente. No había lugar para ingresar. Diez minutos más tarde llegó el diputado Pereyra. Saludo y comentario del partido de Polonia -Colombia. Pereyra ingresó al auditorio. Ya tenía su lugar y es lógico. Sin embargo, para quienes trabajamos en la presentación de los curriculum, que hicieran la fiesta de los merecedores galardones, no había lugar. Jorge Navarro, (de Cultura) junto a una jovencita de nombre Sol, me anunció que se había decidido no permitir subir a nadie al escenario. Solo el intendente y el diputado harían entrega del premio, con un integrante de la Comisión de selección.
No hubo nada que hacer. No había lugar para ingresar. Menos aun para ver el video con el cual yo presentaba al Diácono Miñio (Foto). Menos aún escuchar su palabra, desde afuera del auditorio, junto a tres perros de los que nunca faltan. Es que habían censurado los agradecimientos. Los premiados no podían hacer uso de la palabra.
Con mucho malestar presenté mi queja ante el subsecretario de Cultura, quien nunca saca sus manos de los bolsillos. Pablo Paz, de él se trata, fumaba apoyado en una columna del hall central de la UNAJ, marcando una clara indiferencia con lo que adentro se vivía. El funcionario escuchó mi malestar por no poder ingresar al auditorio y ni se preocupó. Cuando le dije que me iba, junto a mi mujer, directora del Semanario La Colmena, Hilda Dias, me dijo chau. Más destrato, imposible. ¿Este es el cambio que se anunció con un evento que, con el paso de los años, se quiere mantener vigente?
Me pregunto de qué sirve poner todo de uno para postular a alguien si luego las palabras empeñadas no se cumplen y mas aun cuando el premiado Miñio había pedido que yo le entregara el galardón. Felicitaciones Antonio Miñio. Yo estuve, pero no me dejaron.
Mario Lettiere

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