“Propuesta: Asistencia materno infantil pediátrica en el Hospital Mi Pueblo de Florencio Varela”

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Por Dr. Rubén H. Porto, Jefe Servicio Neonatología Hospital ZGA MI Pueblo.

El 11  de diciembre de 1992, hace 24 años, el Hospital Mi Pueblo (HMP) comenzó a funcionar con gran parte de la estructura y fisonomía que muestra en nuestros días.

Sólo las reformas de 2010, por las que se construyeron el Servicio de Pediatría, el Servicio de Neonatología a nuevo, y se remodeló parcialmente la Maternidad, modificaron el diseño original de un hospital que en ese año fundacional debía dar respuesta a la demanda de 255.000 habitantes que formaban la población de FV.  En 2010 la población de ese último año censal alcanzó los 425.000 habitantes.  Proyectándose un crecimiento del 3 % anual,  sería hoy cercana a los 500.000.

Las iniciales 120 camas con que fue inaugurado el Hospital Mi Pueblo prácticamente triplicaron la capacidad del viejo Hospital Boccuzzi, que cerró definitivamente sus puertas ese día.

Se llamó MI PUEBLO como reconocimiento a la Sociedad Civil que impulsó su creación imaginándolo un hospital materno infantil.  “El Materno”,  es como lo llama y lo identifica la comunidad de Florencio Varela.

La realidad y la necesidad lo transformaron en un hospital general para adultos y niños

Hoy, que nuestro distrito está cercano al medio millón de habitantes, ha quedado irremediablemente insuficiente, aún con 170 camas que se amplían hasta doscientas cuando se contabilizan camas o camillas contingentes.

Sus dos ejes principales son:  El de la guardia general, en la que se tratan todas las  emergencias de una comunidad que ronda los 500.000 habitantes; con la condición sobre agregada de ser casi el único prestador ante la grave retracción de la medicina privada o de obras sociales, reducidas en nuestro distrito a dos sanatorios de baja complejidad. El otro eje es el que constituyen las prestaciones del área materno infantil. Cada uno arrastra   déficits diferentes en cada caso.

El área de emergencias necesita una impostergable, rápida y profunda transformación – ampliación – e incorporación de superficies, instalaciones y recursos.

 

Es conocida la decisión política de las autoridades de salud de la Provincia de Buenos Aires, de no inaugurar nuevos hospitales sin antes haber recuperado los existentes, realizando las reparaciones, refacciones o ampliaciones necesarias para el funcionamiento más adecuado de los actuales establecimientos.

En el caso del Hospital Mi Pueblo y bajo esta premisa, resulta difícil pensar cómo sobrellevar la actual demanda real y oculta de prestaciones. Se impone entonces una revisión de la utilización de espacios, salas y superficies aún disponibles, con el propósito de superar la actual instancia que muestra a diario la insuficiente capacidad de camas, consultorios y recursos; mientras tanto se esperan reformas estructurales, definitivas para el sistema de salud distrital, en particular en el eje materno infantil pediátrico.

 

Fortalecimiento del eje Materno Infantil Pediátrico

Reconversión de la actual estructura del Hospital Mi Pueblo con una reingeniería de la utilización de los  espacios

 

Con independencia de que el eje Materno Infantil Pediátrico se desarrolle en un nuevo hospital, o que, como en la actualidad, comparta edificio, infraestructura, y utilice servicios de apoyo (lavadero, cocina, limpieza, vigilancia, farmacia), no debe dejar de advertirse que en lo estrictamente médico asistencial las prestaciones para el grupo etario madres embarazadas, niños, púberes, jóvenes, difieren sustantivamente de la que reciben los adultos.

Eje materno infantil pediátrico

En este marco es un desafío pensar un rediseño de la estructura actual y animarnos a imaginar un cambio, una transformación sustancial en un nuevo proyecto que modifique la arquitectura hospitalaria que conocemos desde siempre.

Esta propuesta pretende delimitar dos áreas diferenciadas:

  • La que en la actualidad se desarrolla como puerta de entrada de la guardia general y consultorios externos, sobre la calle Montevideo.
  • La que se destine al área materno infantil, estableciéndola en la intersección de las callles Galli Mainini y Uruguay, incrementando los metros cuadrados de superficie a expensas de recuperar espacios, ampliando así la disponibilidad de más consultorios, salas de espera y áreas de diagnóstico .

 

En consecuencia podemos imaginar una separación funcional tal que permita que niños y madres tengan un acceso y una permanencia en espera en sectores de atención exclusiva, evitando de este modo situaciones particulares como representan los lugares comunes cuando son compartidos por  niños y adultos.

Vale señalar también que muchos hospitales debieron, ante el crecimiento de su demanda asistencial, extender, fronteras afuera, sus dependencias. Podría el HMP ser un ejemplo más de cómo resolver una insuficiente superficie, en base a la incorporación de inmuebles cercanos transformándolos en más consultorios, más salas de espera, más áreas de diagnóstico.

 

¿Por qué más consultorios y salas de espera para madres y niños?

De las más de 52 mil consultas pediátricas ocurridas en 2015, que representan más de 4 mil por mes, es admisible pensar que un porcentaje de ellas han de requerir una segunda o tercera valoración, una vez resuelta la inicial causa conocida como “motivo de consulta”. Es probable que estas ulteriores asistencias deban ser absorbidas por sub – especialidades que conforman la vasta red en la que la medicina infantil profundiza conocimientos y trata, previene, anticipa afecciones diversas.

Así podemos enumerar, sólo como reducido listado a modo de ejemplo: los trastornos ortopédicos; las afecciones neurológicas agudas o crónicas; las afecciones gastrointestinales, infecciosas o no; las alergias; los extensos problemas de la salud bucal que afectan a niños de toda edad; los trastornos respiratorios; los desórdenes sicoemocionales de fuerte expresión en la infancia, hoy día; los desórdenes conductuales o del aprendizaje.

Lamentablemente debe señalarse que estas opciones para la asistencia integral de niños en nuestro sistema de salud local – Hospital y Centros de Atención Primaria – o tienen una oferta extremadamente minoritaria, o decididamente no se prestan o deben resolverse fuera de nuestro distrito. Otras veces la opción es el sistema privado médico, con costos para el paciente, lo que representa trabas para el libre acceso. Pero lo más grave aún, es la alta probabilidad de que muchas afecciones no se traten y el  niño conviva con ellas sin ser resueltas, dando lugar a diversas formas de cronicidad  con mayor dificultad para su resolución.

Esta falencia tan riesgosa no debe ocultarse o dejarse pasar con indiferencia  por más tiempo. Necesita ser abordada y resuelta en lo inmediato.

Un aspecto también muy importante y que agrava este estado descripto, es considerar la realidad socio demográfica de nuestro distrito y su impacto en la salud infantil.

En este año 2016 se reveló que 32.2 % de los argentinos son pobres, 6.3 % indigentes. Y en relación a la infancia se señala que la mitad de los pobres son niños entre 0 y 14 años. Es decir que la cifra a nivel país es cercana a trece millones de ciudadanos en general, de los cuales seis millones son niños.

En Florencio Varela, si se mantuviese igual proyección, 132 mil habitantes se encuentran debajo de la línea de pobreza. De ellos 60 mil serían niños.

Puede afirmarse que los niños que padecen la pobreza aprenden menos y se enferman más, y también más tempranamente, sabiendo que el daño que los afecte podrá ser de largo impacto temporal, tal vez durante toda la vida misma del niño. Ulteriormente, ya en su vida adulta tiene altas posibilidades de que aquellos déficits lo hayan condicionado impidiéndole vivir en plenitud.  Uno y otro bien, educación y salud, en la vida de un niño, si se desarrolla en un estado de pobreza, le son escasos y ciertamente sus deficiencias marcaran el futuro de su vida.

Para un país, como para una provincia o municipio, el estado cuanti y cualitativo de la niñez en condiciones sociales, sanitarias, culturales y educativas que resultan como emergentes de la situación de pobreza, no debería mantenerse más allá del tiempo que implique la aplicación de un plan por etapas escalonadas, que apunte con carácter perentorio a ejecutar programas de absoluta prioridad:

–           Seguridad alimentaria para cada niño argentino, cualquier sea el lugar geográfico en que se encuentre. En Florencio Varela sería posible garantizarlo con efectividad para la gran mayoría de niños que lo requieran.

–           Inmunizaciones, ampliando la accesibilidad y ejecutando programas de visita domiciliaria

–           Monitoreo de crecimiento y desarrollo de cada niño desde la atención primaria, tanto en centros de salud como a nivel hospitalario.

–           Promover los centros de desarrollo infantil para niños de Primera Infancia

–           Prevención de las enfermedades prevalentes de corte epidémico que aún tanta morbimortalidad genera en los menores de 5 años.

–           Ejecución de programas de atención primaria, secundaria y terciaria de prevención y tratamiento de infecciones respiratorias estacionales.

–           Consultorios de sub especialidades pediátricas ampliamente disponibles, sobre todo en el nivel Hospital Mi Pueblo, que aumenten la accesibilidad en el marco distrital.

–           Ejecución de un programa de asistencia perinatal de prevención y asistencia en salud reproductiva.

 

La pobreza no debería medirse exclusivamente por nivel de ingresos, lo cual tiene variaciones dinámicas.  Importa la pobreza estructural, la que afecta a grupos humanos que no logran, por generaciones, cambiar su estatus social, y no reconoce ascensos en el acceso a bienes sustentables como vivienda, urbanización, nutrición adecuada, servicios educativos y de salud.

Debe el estado nacional, provincial, municipal, atender hoy, ahora mismo, esta realidad. Hace muchos años, décadas, que generaciones tributan vidas dolorosas por la carencia de políticas públicas activas sobre poblaciones vulnerables claramente identificadas.

 

Dr. Rubén H. Porto, Jefe Servicio Neonatología Hospital ZGA MI Pueblo

Florencio Varela

Diciembre 2016.

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