“Pueblo de Florencio Varela y yo” (Centro del Arte de Las Letras)

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Corría el año 1943. Habíamos llegado con mis padres y mi hermano, procedentes de Saladillo, en tren, a la Estación Monteverde, de este hermoso pueblo llamado: Florencio Varela.
Yo apenas contaba con cinco años de edad y mi hermano Carlos, con seis años y medio.
Desde que llegamos este poblado me cautivó.
Fuimos a vivir, provisoriamente, a la casa que alquilaba mi tio Nello, en Rivadavia 15, propiedad de Nicanor Rodríguez, viviendo éste con su esposa Livita Celaya (mi maestra de segundo grado), en una casa lindera, pero con frente a la avenida San Martín, y un hermoso jardín cerrado (hoy farmacia Perlamo). La avenida tenía un boulevard desde las vías, del tren Gral Rocca hasta las calles Castelli y 9 de julio.
Enfrente, una vieja casona habitada por dos señoras mayores de apellido Celaya (hoy Varela Hogar). Detrás de la casona había un departamento habitado por Bocha Celaya, (y su esposo) sobrina de las damas mayores. Por Mitre, lado norte, una estación de servicio, propiedad del Sr. Martino (remodelada aún funciona); y el lado sur un centro odontológico del Dr. Amador Rosselli (hoy consultorios de un centro de salud)
En el centro de la plazoleta, adornada con árboles, plantas y flores estaba un monumento con el busto del Gral. San Martín (aún se encuentra en ese lugar)
En la esquina de Vélez Sarsfield y Avda. San Martín, noroeste, se encontraba el corralón de materiales de Don Abel López, hombre muy austero, a pesar de su buena posición económica. Enfrente, esquina sudoeste, funcionaba la panadería La Avenida, (hoy verdulería Los Pibes) donde consiguió trabajo mi padre, que era oficial panadero y pastelero.
Del otro lado de la avenida, esquina sudeste, estaba el almacén de don Roque Angarola, hombre muy bonachón; y enfrente, esquina nordeste, una tienda, conocida como la de los hermanos Vals, muy buenas personas.
Mi mundo en Varela, era la escuela N° 11, el Club Varela Juniors, y la plazoleta central de la Av. San Martín, desde V. Sarsfield hasta la calle Moreno, donde jugábamos a las bolitas, balero, yoyó, gomeras y figuritas. Éramos varios chicos de la calle Rivadavia, (Coco Bruno, Carlitos Bruno, Cachito Ruiz, Coquito Novolisio, Ana María Villabrille, Chichi Rey, mi hermano Carlitos y mis primos Lito Faraoni y María Rosa, entre otros), desde Av. San Martín hasta 25 de Mayo.
En la esquina de Rivadavia y 25 de Mayo, había una canchita donde los muchachos del barrio jugaban al futbol, nosotros sólo íbamos a mirar.
La plazoleta comenzaba en las vías del Ferrocarril del Sur, (hoy Gral. Rocca), y concluía entre las calles Castelli y 9 de Julio, donde se alzaba el monumento a la bandera, (hoy sigue tal cual como hace más de 80 años) realizado con piedras graníticas, con un cóndor en su parte más alta, y un orificio por donde se izaba la bandera nacional, en los días de Fiesta Patria; este monumento fue construido en el año 1938, por un inmigrante italiano, llamado Simón Sperandío, que tenía un corralón de materiales de construcción en la calle Moreno, entre Bourel y Las Heras.
En la plazoleta jugábamos a la pelota, como así también en el patio de la escuela 11, cuando ya no había nadie en ella; participaba de estos juegos el hijo de la Sra. Directora, Violeta de Morini, llamado Alberto, y otros chicos del barrio…

Julio Jorge Faraoni
Próximamente se publicará la 2° parte.-

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