“Si usted me lo permite, un poco de disenso nunca viene mal” (Correo de Lectores)

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En el simpático espacio de cara o ceca, sacó ese destacado medio de difusión una foto de señoras arreglando un bache o mejorando el estado de una vereda, con un comentario que decía “esa es tarea para hombres”. Disiento. Lo hago desde el momento en que, muy interesada en la construcción, ayudaba al albañil que arreglaba mi casa porque el peón había faltado. A la sazón, tenía entonces 12 años, pero físicamente estaba mucho mejor desarrollada que muchos varones maltratados por el hambre, que encuentran el peonazgo como fuente de algún magro ingreso. Quédese Ud. tranquilo, que las mujeres somos lo bastante inteligentes como para cargar baldes de 5 kg. en lugar de canastos de 10. Y doy mi enhorabuena a las señoras y señoritas que la emprenden con la calle, en tan buen sentido de la palabra como lo es mejorar la estética e higiene de las mismas. La libertad de trabajo indica que si va contra su voluntad o sus fuerzas, no tienen que obedecer, aunque se tratara de hombres. Salvando lo antedicho, y teniendo en cuenta que disentir no es abominar ni desechar su comentario, agrego la parte en que estoy de acuerdo: Es una pena que habiendo tantos hombres sin trabajo, tengan que salir las mujeres a hacer las tareas más pesadas y expuestas (aunque ya he dicho que podemos hacerlo, si no, fíjese cuántas chicas van al gimnasio a hacer pesas o box). Cuando digo hombres sin trabajo, no solo me refiero a los desocupados o discapacitados, si no a tantos que ocupan lugares en los que ni siquiera tienen la preocupación de levantar una pluma. Generalmente, aquellos que se supone que deben organizar las tareas de los otros, y que no tienen rebusque intelectual ni experiencias anteriores para hacerlo. Los que -sin importar si son hombres, mujeres o ambas cosas – no pueden organizar el trabajo que jamás hicieron. O, a mayor abundamiento, como suelen decir los jurisconsultos, habiendo abominado de las tareas domésticas, rutinarias o pesadas que les tocaron ejecutar en algún tiempo, las negaron de tal modo que ya ni saben que existen o cómo se hacen. Es dignísimo ocuparse – por ej.- de la limpieza, pero esta generalmente es considerada una tarea de menor nivel y a quien se le encomienda? A las mujeres. Por suerte vamos superando -de a poco- esos prejuicios. No hay tareas femeninas o masculinas, ni tareas dignas o indignas, hay tareas necesarias y tareas superfluas, y habría que ponerse horas a filosofar, para descubrir cuáles son unas u otras.
O. Z

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