(Urgente24) El gobierno nacional sometió a debate en el seno de la sociedad el derecho o no a la vida antes de nacer, y consecuentemente la despenalización del aborto, pero no se mete con la desigualdad de oportunidades para recibir educación que empezaría antes de la obligatoriedad que rigen a partir de los 4 años y se extiende por 14 años con preescolar, primaria y secundaria. O sea, accede de salita de 3 para abajo sólo el 32% de los niños a los que se quiere anotar en algún tipo de institución de crianza, enseñanza y cuidado. Se trata de un promedio nacional al que se llega contraponiendo el 15,5% de la región NOA al 62% de CABA. La cascada de la inequidad que comienza en la infancia termina trasladándose a la universidad, donde cuanto más alto es el nivel socioeconómico mayor es el porcentaje de egresados. Hacia atrás, de cada 100 chicos que ingresaron al primer grado estatal en 2004 terminaron el ciclo secundario apenas 30 en el 2015; en el sistema privado esta proporción trepa a 69, es decir más del doble. En la secundaria, la matrícula privada creció más que la estatal (23,3% versus 14,1%), si bien la mayoría de los jóvenes argentinos 71%) concurre a escuelas secundarias estatales. Ya desde las instituciones de primera infancia (conocidas como jardines de infantes) se empieza a delinear la desigualdad de oportunidades, ya que sólo un tercio de los menores de 4 años logra asistir a algún espacio de desarrollo infantil, revela un documento de CIPPEC que lleva la firma de Alejandra Cardini, Gala Díaz Langou, Jennifer Guevara y Olivia de Achával. La proporción se traslada, corregida y aumentada, a la graduación universitaria, ya que apenas 1 de cada 100 jóvenes provenientes del quintil más pobre se recibe en la Argentina. Pero al ser un promedio, combina otros desfases más graves, como que al 62% en la Ciudad de Buenos Aires se contrapone el 15,5% en el NOA. En un informe que había realizado a fines del año pasado el Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano, que dirige Alieto Guadagni, se vincula directamente la cantidad de graduados al nivel socioeconómico de los estudiantes, que cuanto más alto es mayor es el porcentaje de egresados. La inequidad viene de arrastre de la escuela secundaria y ya en las últimas pruebas Aprender se vio mucha diferencia en el nivel de los alumnos del último año de la secundaria de los distintos sectores sociales. El punto de partida al que conduciría una revisión en reversa de la enseñanza en el país, desde el ciclo superior, al medio e inicial, tiene datos que corresponden al período entre 2011 y 2012, pero igual fueron compilados por tratarse de los últimos disponibles para elaborar el trabajo denominado “Cuidar, enseñar y criar al mismo tiempo: el desafío para las políticas públicas para la primera infancia en Argentina”. La antigua Ley 1.420, de 1884, había determinado la obligatoriedad únicamente para la enseñanza primaria hasta que en 2006 se dictó la Ley 26.206 que, en su artículo 16, establece la obligatoriedad escolar entre los 5 años y el fin del ciclo secundario. Y en diciembre de 2014 se sancionó la Ley 27.045, que bajaba a la sala de 4 años el nivel inicial, por lo que el período escolar obligatorio pasó a ser, desde entonces, de 14 años. Entre 2003 y 2015, cuando se sucedieron las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner, la matrícula secundaria se incrementó en un 16,6 %, al incorporarse a dicho nivel educativo 561.907 nuevos alumnos. La matrícula privada creció más que la estatal (23,3% versus 14,1%) y, si bien la mayoría de los jóvenes argentinos concurre a escuelas secundarias estatales, se percibe un cambio en dicha composición, ya que en 2003 el 73% de los alumnos secundarios asistía a escuelas estatales, en tanto que en 2015 lo hacía el 71% de dicho alumnado. En 2015 ingresaron al primer año de secundario 82.370 alumnos más que los que lo hicieron en 2003, con un aumento en el orden del 11,4%. De cada 100 chicos que ingresaron al primer grado estatal en 2004 terminaron el ciclo secundario apenas 30 en el 2015, mientras que en el sistema privado esta proporción trepa a 69, es decir más del doble. La desigualdad ya se refleja también en la escasez de vacantes en instituciones de primera infancia del Estado: el 70% de los menores de 4 años son enviados a un establecimiento privado. Apenas 1 de cada 100 jóvenes pobres se recibe en la universidad pública: ¿Por dónde debería comenzar la reforma? Este porcentaje baja en el caso de chicos de mayor edad, hasta llegar a 31% para los niños de 4 años en 2011-2012, partiendo del 3,1% de los que tienen menos de un año y consiguen lugar en instituciones de cuidado, enseñanza y crianza. “Mientras las familias con mayores recursos pueden suplir el déficit de oferta estatal yendo a establecimientos privados o acudiendo a personal contratado, las de menores recursos suelen tener que recurrir a familiares o a opciones comunitarias”, explica Gala Díaz Langou, directora del programa de Protección Social y coautora del documento, donde se destaca que cuidado, enseñanza y crianza son elementos indivisibles de toda acción orientada a la primera infancia. Sin embargo, en la práctica, las políticas suelen diseñarse y desarrollarse de forma fragmentada, conviviendo diversos formatos institucionales, que incluyen jardines de infantes oficiales y no oficiales y espacios de primera infancia, entre otros. Además, hay disparidades de la oferta en términos geográficos, por edad, socioeconómicos y de sector de gestión. “Es necesario partir de una mirada amplia de los procesos de cuidado, enseñanza y crianza, que trascienda al sistema educativo e incluya a todos los formatos institucionales y actores, reciban a los chicos”, destaca Alejandra Cardini, directora del programa de Educación de CIPPEC y coautora del trabajo.

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(Urgente24) El gobierno nacional sometió a debate en el seno de la sociedad el derecho o no a la vida antes de nacer, y consecuentemente la despenalización del aborto, pero no se mete con la desigualdad de oportunidades para recibir educación que empezaría antes de la obligatoriedad que rigen a partir de los 4 años y se extiende por 14 años con preescolar, primaria y secundaria. O sea, accede de salita de 3 para abajo sólo el 32% de los niños a los que se quiere anotar en algún tipo de institución de crianza, enseñanza y cuidado. Se trata de un promedio nacional al que se llega contraponiendo el 15,5% de la región NOA al 62% de CABA. La cascada de la inequidad que comienza en la infancia termina trasladándose a la universidad, donde cuanto más alto es el nivel socioeconómico mayor es el porcentaje de egresados. Hacia atrás, de cada 100 chicos que ingresaron al primer grado estatal en 2004 terminaron el ciclo secundario apenas 30 en el 2015; en el sistema privado esta proporción trepa a 69, es decir más del doble. En la secundaria, la matrícula privada creció más que la estatal (23,3% versus 14,1%), si bien la mayoría de los jóvenes argentinos 71%) concurre a escuelas secundarias estatales.
Ya desde las instituciones de primera infancia (conocidas como jardines de infantes) se empieza a delinear la desigualdad de oportunidades, ya que sólo un tercio de los menores de 4 años logra asistir a algún espacio de desarrollo infantil, revela un documento de CIPPEC que lleva la firma de Alejandra Cardini, Gala Díaz Langou, Jennifer Guevara y Olivia de Achával.
La proporción se traslada, corregida y aumentada, a la graduación universitaria, ya que apenas 1 de cada 100 jóvenes provenientes del quintil más pobre se recibe en la Argentina. Pero al ser un promedio, combina otros desfases más graves, como que al 62% en la Ciudad de Buenos Aires se contrapone el 15,5% en el NOA.
En un informe que había realizado a fines del año pasado el Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano, que dirige Alieto Guadagni, se vincula directamente la cantidad de graduados al nivel socioeconómico de los estudiantes, que cuanto más alto es mayor es el porcentaje de egresados.
La inequidad viene de arrastre de la escuela secundaria y ya en las últimas pruebas Aprender se vio mucha diferencia en el nivel de los alumnos del último año de la secundaria de los distintos sectores sociales.
El punto de partida al que conduciría una revisión en reversa de la enseñanza en el país, desde el ciclo superior, al medio e inicial, tiene datos que corresponden al período entre 2011 y 2012, pero igual fueron compilados por tratarse de los últimos disponibles para elaborar el trabajo denominado “Cuidar, enseñar y criar al mismo tiempo: el desafío para las políticas públicas para la primera infancia en Argentina”.
La antigua Ley 1.420, de 1884, había determinado la obligatoriedad únicamente para la enseñanza primaria hasta que en 2006 se dictó la Ley 26.206 que, en su artículo 16, establece la obligatoriedad escolar entre los 5 años y el fin del ciclo secundario. Y en diciembre de 2014 se sancionó la Ley 27.045, que bajaba a la sala de 4 años el nivel inicial, por lo que el período escolar obligatorio pasó a ser, desde entonces, de 14 años.
Entre 2003 y 2015, cuando se sucedieron las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner, la matrícula secundaria se incrementó en un 16,6 %, al incorporarse a dicho nivel educativo 561.907 nuevos alumnos.
La matrícula privada creció más que la estatal (23,3% versus 14,1%) y, si bien la mayoría de los jóvenes argentinos concurre a escuelas secundarias estatales, se percibe un cambio en dicha composición, ya que en 2003 el 73% de los alumnos secundarios asistía a escuelas estatales, en tanto que en 2015 lo hacía el 71% de dicho alumnado.
En 2015 ingresaron al primer año de secundario 82.370 alumnos más que los que lo hicieron en 2003, con un aumento en el orden del 11,4%.
De cada 100 chicos que ingresaron al primer grado estatal en 2004 terminaron el ciclo secundario apenas 30 en el 2015, mientras que en el sistema privado esta proporción trepa a 69, es decir más del doble.
La desigualdad ya se refleja también en la escasez de vacantes en instituciones de primera infancia del Estado: el 70% de los menores de 4 años son enviados a un establecimiento privado.
Apenas 1 de cada 100 jóvenes pobres se recibe en la universidad pública: ¿Por dónde debería comenzar la reforma?
Este porcentaje baja en el caso de chicos de mayor edad, hasta llegar a 31% para los niños de 4 años en 2011-2012, partiendo del 3,1% de los que tienen menos de un año y consiguen lugar en instituciones de cuidado, enseñanza y crianza.
“Mientras las familias con mayores recursos pueden suplir el déficit de oferta estatal yendo a establecimientos privados o acudiendo a personal contratado, las de menores recursos suelen tener que recurrir a familiares o a opciones comunitarias”, explica Gala Díaz Langou, directora del programa de Protección Social y coautora del documento, donde se destaca que cuidado, enseñanza y crianza son elementos indivisibles de toda acción orientada a la primera infancia.
Sin embargo, en la práctica, las políticas suelen diseñarse y desarrollarse de forma fragmentada, conviviendo diversos formatos institucionales, que incluyen jardines de infantes oficiales y no oficiales y espacios de primera infancia, entre otros.
Además, hay disparidades de la oferta en términos geográficos, por edad, socioeconómicos y de sector de gestión.
“Es necesario partir de una mirada amplia de los procesos de cuidado, enseñanza y crianza, que trascienda al sistema educativo e incluya a todos los formatos institucionales y actores, reciban a los chicos”, destaca Alejandra Cardini, directora del programa de Educación de CIPPEC y coautora del trabajo.

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